Mis
metas han cambiado.
Es
difícil en ocasiones sentirte segura
cuando todo nuestro alrededor gira y gira. Puedes sentir la asfixia de estar al
borde de un abismo. Dicha sensación habita en uno mismo breves segundos y al
ratito desaparecen. Pasado un tiempo, buscas la paz para regresar a ese
rinconcito de tu mente que te otorga
seguridad, calor, tranquilidad. Ese rinconcito en soledad..o no…que te
acaricia el pelo y en silencio y te transporta a la infancia. Esos momentos en
los que mi madre me abrazaba y me sujetaba contra su pecho. Escuchaba el sonido
de su voz a través de su cuerpo y me mecía junto a ella…con ella, escuchando el
latir de su corazón…melodía celestial. Esa mecedora que toda madre llevamos
dentro y que se pone en movimiento en cuanto sentimos un niño cerca.
La
vida no es sencilla. Impone continuas batallas. Vamos caminando por esos campos donde hay que sortear peligros,
buscar lugares de descanso, recoger los frutos de aquéllos donde habías
plantado semillas…y tenido la suficiente paciencia de regarlas y mimarlas.
Cuando el tiempo en las trincheras empieza a agotarte, a asfixiarte, a llevarte
al abismo que te deja muda y en pánico, encuentro también la manera de regresar
a mi rincón de paz.
Decidme que todo es difícil. Me asustaré un instante. Pero,
estoy construyendo el camino interior que me permite llegar a la puerta de esa
paz de mi infancia y os aseguro que me voy sintiendo cada vez más fuerte y cada
vez más segura de que esa puerta estará
cada vez más cerca…y no necesitaré saltar más obstáculos para llegar a ella.
Simplemente porque esos obstáculos no lo serán tanto y mis metas…han cambiado.