jueves, 12 de mayo de 2016

ZUMO DE LIMÓN



ZUMO DE LIMÓN. 



Cuando los días van demasiado rápido y la vida frunce el ceño cual niño enfadado e ignorado, cuando el aliento nos falta mientras marchamos rápido y los ojos se olvidan de mirar y lloran por solo pensar…creo que es importante que debamos permitirnos PARAR y SENTIR.

Estoy segura que muchos me diréis que  no hay tiempo para vivir de otra manera. Y yo os comprendo…hago lo mismo. Pero tengo la suerte de haber aprendido a percibir cuándo la vida levanta la mano para pedir su turno de escucha, y le hago caso.
Es entonces cuando por unos instantes me quedo absorta mirando las hojas de aquel platanero que baila con el viento todos los días. Sus hojas juegan con el  sol  y me regalan destellos de una vida que siempre está ahí y yo no me he acordado de mirarla. Quiero disfrutar ese árbol, esa rosa en el camino que recorro a diario, porque…antes de que pueda notarlo, esa rosa, esas hojas, estarán marchitas y después se habrán ido para siempre. Y no vale la excusa que me digo a mí misma: “no tengo tiempo para estas cosas”…¿Cuánto tardamos en mirar una flor y decirnos a nosotros mismos lo bonita que es? ¿ dos segundos?
Pequeños placeres que me niego a ignorarlos y sentirme afortunada por sentirlos: un beso de un niño, un cruce de miradas cómplices con un amigo, el fluir de las aguas del canal, el murmullo de los niños por las aulas cuando están preparándose para marchar, la sonrisa de una mamá cuando recoge a su pequeño tras una larga jornada escolar, el olor del café cuando despierto por la mañana ( tras pocas horas de sueño, porque simplemente el día se nos hace corto a todos),  lavar mi cara con agua fresca por las mañanas y después ponerme crema, respirar profundamente cuando me veo en el espejo y comprobar cómo pasa el tiempo…y celebrar que ese tiempo está pasando y la vida me abraza y me acompaña. Me encanta el olor a ropa limpia cuando la tiendo, sentir mi cama fresca cuando me acuesto, oír la respiración rítmica y placentera de mis princesas mientras duermen…qué paz. Disfruto del olor de los guisos de mi madre mientras yo hago deberes con mis hijas…y ella sin darse cuenta me está regalando una sinfonía de aromas y canciones susurradas que me arropan y me hacen sentir la mujer más feliz del mundo.
Y qué me decís cuando regresáis a casa y veis unos limones amarillos que chillan alegría y piden que los fotografíe (ahora,¿ quién se atreverá a exprimirlos?), cerrar los ojos al pasar por la panadería del barrio y embriagarte del olor a pan recién horneado. Me provoca risa caminar entre hojas secas caídas en otoño…y disimuladamente siempre que puedo me zambullo en ellas cuando nadie me ve y disfruto (ahora ya lo sabéis también vosotros). No puedo olvidarme del placer de sentir un gajo de naranja en mi boca, lo muerdo y al deshacerse su jugo me inunda y me despierta. A veces, cuando estoy a punto de dormirme desplomada en la cama y  totalmente agotada,  me doy cuenta de que estoy contando las gotas de lluvia que golpean en mi ventana ¡Y después quiero seguir contándolas!
¿Estoy loca?
No.
 Simplemente…siento.

Lourdes