ZUMO DE LIMÓN.
Cuando los días van demasiado rápido y la vida
frunce el ceño cual niño enfadado e ignorado, cuando el aliento nos
falta mientras marchamos rápido y los ojos se olvidan de mirar
y lloran por solo pensar…creo que es importante que debamos
permitirnos PARAR y SENTIR.
Estoy segura que
muchos me diréis que no hay tiempo para
vivir de otra manera. Y yo os comprendo…hago lo mismo. Pero tengo la suerte de
haber aprendido a percibir cuándo la vida levanta la mano para pedir su turno de
escucha, y le hago caso.
Es entonces
cuando por unos instantes me quedo absorta mirando las hojas de aquel platanero
que baila con el viento todos los días. Sus hojas juegan con el sol y
me regalan destellos de una vida que siempre está ahí y yo no me he acordado de
mirarla. Quiero disfrutar ese árbol, esa rosa en el camino que recorro a
diario, porque…antes de que pueda notarlo, esa rosa, esas hojas, estarán
marchitas y después se habrán ido para siempre. Y no vale la excusa que me digo
a mí misma: “no tengo tiempo para estas cosas”…¿Cuánto tardamos en mirar una
flor y decirnos a nosotros mismos lo bonita que es? ¿ dos segundos?
Pequeños
placeres que me niego a ignorarlos y sentirme afortunada por sentirlos: un beso
de un niño, un cruce de miradas cómplices con un amigo, el fluir de las aguas
del canal, el murmullo de los niños por las aulas cuando están preparándose
para marchar, la sonrisa de una mamá cuando recoge a su pequeño tras una larga
jornada escolar, el olor del café cuando despierto por la mañana ( tras pocas
horas de sueño, porque simplemente el día se nos hace corto a todos), lavar mi cara con agua fresca por las mañanas
y después ponerme crema, respirar profundamente cuando me veo en el espejo y
comprobar cómo pasa el tiempo…y celebrar que ese tiempo está pasando y la vida
me abraza y me acompaña. Me encanta el olor a ropa limpia cuando la tiendo,
sentir mi cama fresca cuando me acuesto, oír la respiración rítmica y
placentera de mis princesas mientras duermen…qué paz. Disfruto del olor de los
guisos de mi madre mientras yo hago deberes con mis hijas…y ella sin darse
cuenta me está regalando una sinfonía de aromas y canciones susurradas que me
arropan y me hacen sentir la mujer más feliz del mundo.
Y qué me decís
cuando regresáis a casa y veis unos limones amarillos que chillan alegría y
piden que los fotografíe (ahora,¿ quién se atreverá a exprimirlos?), cerrar los
ojos al pasar por la panadería del barrio y embriagarte del olor a pan recién
horneado. Me provoca risa caminar entre hojas secas caídas en otoño…y
disimuladamente siempre que puedo me zambullo en ellas cuando nadie me ve y disfruto
(ahora ya lo sabéis también vosotros). No puedo olvidarme del placer de sentir
un gajo de naranja en mi boca, lo muerdo y al deshacerse su jugo me inunda y me
despierta. A veces, cuando estoy a punto de dormirme desplomada en la cama
y totalmente agotada, me doy cuenta de
que estoy contando las gotas de lluvia que golpean en mi ventana ¡Y después
quiero seguir contándolas!
¿Estoy loca?
No.
Simplemente…siento.
Lourdes
