A
veces es necesario apartarse sin más
para no tener que seguir explicando y contando que por dentro existe un río.
Ese
río que discurre de manera precipitada, improvisada, imprevisible, que a veces
frena, se embalsa y le da el sol brotando
la vida, para de repente recibir el deshielo.
Entonces comenzar y acelerar de nuevo su camino para seguir y seguir
hasta ese destino que ni él mismo sabe pero que para todos es el mismo.
Ese
destino que muchos tememos porque a veces, demasiadas veces, nos saluda y nos
asusta y deseamos de una vez que deje de llamar y asustar. Y me niego a aceptar
lo que muchos dicen: aprende a discurrir con ello y disfrutar de tu maravilloso
viaje.
Pues
no me gusta esa manera de desembocar. No me gusta que nadie tenga que discurrir
por su caudal teniendo presente que el remanso del mar le espera.
No
pretendo ser salmón que nade a contracorriente porque se niega a seguir de
frente. Prefiero pensar que seguiré ayudando a crear cantos rodados de manera
infinita y no tener que acelerar y anticipar ese encuentro o ese desencuentro.
Quiero
paz pero no en el mar. Por favor, que la
gente deje de decir que el río es más fuerte cuanta más agua lleva o cuantas
más curvas tiene. O que es más bonito cuantos más saltos de agua crea. Porque
quizás esos saltos son preciosos para el que los fotografíe, pero tal vez ese río no quiere quedarse en una foto.
A
veces el río se sumerge tras un trayecto, breve o extenso, pero se esconde.
Quizás es necesario dejarle estar callado y respetar su aparente quietud. Y si
vuelve a salir con energía y brillo porque tiene la suerte de haber encontrado
fuerza para seguir adelante, entonces, solo entonces, que lo celebren todos.
Tal
vez el río desea aprender a discurrir sin tener en cuenta su cauce ni su
destino. Tal vez el río quiera quedarse quieto, pero por el camino.
Y
hasta entonces prefiera seguir callado mientras encuentra la manera de saber
llegar.
Tal
vez quiera paz, pero no en el mar.
Estrujadora.

No hay comentarios:
Publicar un comentario